Quiénes somos

Nuestros fundadores

Una fundación que empezaron dos personas en un pueblo de México — y la hija que estuvo ahí cuando empezó.

Elvia Kimball

Fundadora y Directora General

Elvia Kimball nació y creció en Pénjamo, Guanajuato, México, y llegó a Estados Unidos en 1995, a los diecisiete años. Su vínculo con México — su gente, su cultura, sus comunidades — ha sido desde entonces una parte central de su vida.

Elvia fundó Love La Vida Foundation desde una convicción profundamente personal: que cada niño merece sentirse amado, valorado, acompañado y con esperanza en el futuro. Cree que el servicio con sentido empieza por las relaciones — escuchar a las personas, entender sus circunstancias, respetar su dignidad y trabajar junto a quienes ya conocen mejor su propia comunidad.

Como Fundadora y Directora General, dirige la relación de la Fundación con las casas hogar, las organizaciones comunitarias y los jóvenes a quienes sirven. Guía los programas — desarrollo social, aprendizaje del inglés, habilidades para la vida y preparación para la vida adulta y el trabajo.

Para Elvia, Love La Vida no se trata solamente de aportar recursos. Se trata de estar presente, construir relaciones, crear oportunidades y ayudar a los jóvenes a ver posibilidades para su vida que quizá ellos todavía no ven.

Elvia Kimball, riendo, durante una visita en Chiapas
Scott Kimball junto a camas de cultivo recién construidas en una casa hogar de Chiapas
Chiapas, 2023.

Scott Kimball

Estrategia, gobernanza e infraestructura

Scott Kimball es psicólogo industrial y organizacional, y ha dedicado su carrera a aplicar la ciencia del comportamiento a organizaciones, liderazgo, talento y crecimiento. Tiene un doctorado en Psicología Industrial y Organizacional.

Aprendió español en la costa caribe de Colombia y ha estado en la mayoría de sus ciudades — Valledupar, Santa Marta, Barranquilla, Cartagena, Sincelejo, Montería — además de años de trabajo en México y Costa Rica. Esos años formaron la convicción que recorre esta fundación: que las soluciones se construyen en alianza con las comunidades locales, no se les imponen desde afuera.

En 2001, en un retiro de ejecutivos en San Diego dirigido por Ken Blanchard, al grupo se le pidió escribir una declaración de misión personal. Scott escribió una frase y no ha necesitado corregirla desde entonces.

«Maximizar el potencial de las personas

Declaración de misión de Scott Kimball, escrita en 2001

Se ha sostenido profesional y personalmente, y es la respuesta honesta más corta a por qué hace esto. A un niño en cuidado residencial no le falta potencial. Le faltan las condiciones que permiten que el potencial se convierta en algo.

En Love La Vida, Scott apoya la visión de Elvia con estrategia, gobernanza, diseño de programas, medición, alianzas, procuración de fondos y los sistemas que permiten que el trabajo crezca. Su formación es más útil justamente donde la Fundación es más ambiciosa: desarrollo humano, aprendizaje del inglés, preparación laboral y la transición hacia una vida adulta independiente.

Fuera de la Fundación dirige Scalewrights, una firma de creación de valor para empresas de fundadores, y escribe. Cuatro de sus libros están publicados en español — escritos en el idioma, no traducidos a él, que es el mismo impulso que da forma a este sitio.

Scalewrights LinkedIn Libros

Juntos

Complementarios a propósito

Elvia mueve la misión. Scott aumenta su alcance.

Elvia aporta el corazón, el vínculo cultural, las relaciones y la conducción diaria del trabajo. Scott aporta psicología, desarrollo organizacional, negocio y estrategia, y construye la infraestructura capaz de extenderlo.

Los dos hablamos español, todos los días, en casa. No es una credencial que estemos ofreciendo: es cómo funciona esta casa, y es la razón por la que la frase de Elvia salió en dos idiomas. También significa que nunca trabajamos con intermediarios. Escuchamos lo que la gente dice, no lo que alguien decidió transmitirnos.

Y lo practicamos nosotros mismos. Somos activos, viajamos, seguimos aprendiendo, seguimos haciendo planes — todo junto. Amamos nuestra vida porque tuvimos las relaciones, la seguridad y las oportunidades que hacen que una vida se pueda amar, y nada de eso se ganó por merecerlo más que nadie. Los jóvenes con quienes trabajamos quieren exactamente lo mismo que nosotros. Lo que no han tenido son las condiciones.

Entre los dos, los dos países de esta fundación no son una abstracción. Elvia es mexicana y lleva su cultura con ella a donde vaya. El español de Scott se aprendió en la costa colombiana, y el vallenato — la música de esa costa — sigue siendo su favorita. El nombre de la fundación salió de algo que dijo Elvia. El nombre del modelo, Los Caminos de la Vida, salió de una canción colombiana. Ninguno de los dos salió de una agencia.

Las dos convicciones resultan ser la misma. La de Elvia es que cada niño merece sentirse amado, valorado y con esperanza. La de Scott, escrita hace un cuarto de siglo, es maximizar el potencial de las personas. Love La Vida es cómo se ven esas dos cosas cuando apuntan a los niños con menos acceso al suyo.

En qué creemos

Estos son hijos de Dios.

Respetamos a Dios, y creemos que Él está detrás de este trabajo. Nadie que lea esto tiene que compartirlo para apoyar lo que hacemos — pero es la respuesta honesta a por qué lo hacemos, y omitirla sería una modestia extraña.

Un niño en una casa hogar no es un caso, una estadística ni una fotografía para un boletín. Es hijo de alguien, y es hijo de Dios. Creemos que Él quiere que tenga las condiciones para una vida próspera — y no hablamos de dinero. Hablamos de una vida con gente dentro, un trabajo que se le dé bien, un futuro que pueda describir en voz alta, y la libertad de elegirlo.

Esa convicción es la razón detrás de casi cada regla de este sitio. Es por eso que no publicamos el rostro de un niño. Por eso le preguntamos a un joven qué quiere en lugar de decírselo, y no contamos nada que no haya elegido. Por eso decimos dignidad y no caridad, y tratamos a la dirección de una casa como aliada y no como receptora. Por eso a un voluntario se le pide que nunca convierta a un niño en su proyecto.

Si un niño es de Dios, entonces la lástima es la postura equivocada, y el rescate también. Lo que se le debe no es nuestra compasión. Son las condiciones.

La mayoría de las casas hogar con las que trabajamos son católicas, y ni una sola vez hemos tenido que traducir esto. Imago Dei — la imagen de Dios en cada persona — es la misma convicción en palabras más antiguas, y es el terreno que compartimos.

Elvia y Scott están juntos desde 2018. Están felizmente casados y comparten un compromiso: que la filantropía haga más que atender la necesidad de hoy. Que ample las posibilidades de mañana.

Entre los dos tienen seis hijos, todos adultos — tres de Elvia y tres de Scott, Rylie entre ellos — y dos nietos.

Rylie

Rylie, la hija de Scott, estuvo con nosotros en Chiapas en 2023, y ayudó a construir esta fundación. Raspó y repintó el muro de un dormitorio. Se sentó en un escalón de concreto a pintarles las uñas a una fila de niñas, que después se pusieron en círculo y fotografiaron sus manos — la fotografía de nuestra página principal.

Había terminado su tercera ronda de quimioterapia poco antes de ese viaje. Vino de todas formas, y trabajó.

Rylie murió de cáncer el 13 de julio de 2026. Llevar este trabajo adelante es parte de lo que nos dejó, y su nombre pertenece aquí, junto al nuestro.

Dónde empieza un niño nunca debería determinar hasta dónde puede llegar.